Ensayos

All inclusive

Como si se tratara de un virus, la palabra inclusión se expande por todos lados, recubre todos los cuerpos, penetra en todas las instituciones, formatea todas las prácticas y se cree inmortal. Por un lado, existe una variedad inclasificable de programas, iniciativas, políticas, cursos, seminarios, departamentos, eventos, exposiciones, doctorados y maestrías que usan esa denominación, y hasta una revista que no escatima esfuerzos y se hace llamar Revista Latinoamericana de Inclusión Educativa. Por el otro, inclusión se relaciona con diversidad, integración, discriminación, acceso, equidad, desigualdad, necesidades educativas especiales, y pedagogía de la diferencia.


Cualquier cibernauta amateur encuentra sin dificultad lo siguiente: gastronomía inclusiva, deporte inclusivo, teatro inclusivo, danza inclusiva, medicina inclusiva, sexo inclusivo, lenguaje inclusivo, negocios inclusivos, diseño inclusivo, arte inclusivo, ocio inclusivo, moda inclusiva, cine inclusivo, enseñanza inclusiva, espiritualidad inclusiva; incluso, poesía inclusiva. Algunos envalentonados afirman que se trata de un “derecho humano”. Los empresarios se suman a la ola inclusiva y se convierten en “comunistas liberales”, como es evidente en el caso del exitoso jefe de gobierno de la ciudad de Buenos Aires.

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Artículo publicado en Diario La Capital de Rosario - 30-09-11
http://www.lacapital.com.ar/ed_educacion/2011/10/edicion_128/contenidos/noticia_0012.html

¿Sin tomas?

No, yo no quería libertad. Quería únicamente una salida:
a derecha, a izquierda, adonde fuera. No aspiraba a más.
Aunque la salida fuese tan sólo un engaño:
como mi pretensión era pequeña el engaño no sería mayor.
¡Avanzar, avanzar!
Informe para una Academia. Franz Kafka (1917)

Son tantas las cosas que se toman hoy en día que las bullas desatadas por las tomas de escuelas me parecen un poco exageradas. ¿Qué esperaban? ¿Carmelitas descalzas dispuestas a saciar los deseos del Sr. PISA? ¿One salame per child? ¿El resurgimiento del brazo estudiantil de alguna organización guerrillera? ¿Cuál es el problema con las tomas?

Sí, es probable que las tomas hayan reactivado un sentimiento bifronte. Por un lado, una dosis considerable de algarabía juvenil (setentista) azuzada por aquellos que ven en las tomas un “reverdecer de la participación política”. Por el otro, el rancio y nostálgico ronroneo conservador que sacude la cabeza y afirma -parodiando un enunciado extraordinariamente peronista, o más precisamente, invirtiéndolo- que con todo este jaleo los únicos perjudicados son los chicos.

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Artículo publicado en la Revista Propuesta Educativa Nª 35. Flasco. Año 17 / Junio / 2008.01

Sine equa non

¿Qué sabe el que sabe enseñar? (1)

Un estudio exploratorio acerca del saber de los profesores en la escuela secundaria

¿Qué sabe un profesor? ¿Qué es lo que no puede no saber? ¿Cuáles son sus competencias? ¿Cómo se distingue un profesor que sabe del que no sabe? ¿Cuál es la percepción que padres, colegas, alumnos y la sociedad en general tienen del saber profesoral? Estas son las principales preguntas que formulamos. Como hemos planteado, uno de los objetivos de la investigación consistió en reunir aquellos saberes que para los profesores son prioritarios, ineludibles, lo que no se puede no saber para enseñar mejor. Como veremos en las páginas siguientes, se trata de un conjunto móvil de saberes que van más allá de lo disciplinar pero que son indispensables. En muchos casos no se aprenden ni en el profesorado ni en la academia. Esos saberes tienen formas y localizaciones diferentes pero casi siempre se presentan como recursos. El recurso remite a la provisión.

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Variaciones sobre autoridad y pedagogía. Primera parte

En el terreno educativo la autoridad está por todos lados. Se rechaza, teme y desea. Se añora y combate. Se afirma que falta y/o sobra. Se denuncian sus excesos y su inacción. Se hacen esfuerzos por calibrar su forma, su justa medida, su dosis necesaria. Habita el argot del más rancio conservadurismo (que no cesa de evocarla y exige restauración), y es la vitamina lingüística de cierto progresismo vernáculo que parece vivir del rechazo a los autoritarios de todos los tiempos y lugares. Lamentarse parece ser el ejercicio predilecto. Lamento por haberla perdido, lamento por haberla encontrado, lamento al cuadrado.

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¿No tienen ni idea? Quién decide en educación o cómo promover lo que no se practica

La expresión “no tienen ni idea” circula sin restricciones por el habla pedagógica. Los que no tienen idea siempre son los otros. El asunto preferentemente ocurre cuando cambian las gestiones y sus agentes. Los salientes juzgan a los entrantes. Pero también ocurre en el interior de las escuelas y/o universidades, en los ministerios, en los gremios y en otros equipos de trabajo. Es ostensible entre los más experimentados. ¿De qué se jacta quien afirma tener idea?

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Y si no, ¿cómo hacés?

Es una buena ocasión para recordarles a los amantes de la innovación que la educación vive de la conservación. No puede haber una educación que en un punto no sea conservadora. Aprendemos eso tempranamente. Transmitir es dar el mundo y para dar el mundo es preciso apropiárselo previamente. Enseñar lo conservado, eso es educar. El contacto con lo viejo (y con los viejos), con los muertos y con ciertas prácticas ligadas a la custodia, el acopio, el registro y la colección -así como con otras vinculadas a la distribución y el reparto- es inevitable. Tan inevitable como la disposición de un ejército selecto de agentes encargados de practicar ese reparto entre las nuevas generaciones. Cuando una educación tiene lugar se pone en marcha la maquinaria que fabrica patrimonios y oferta repertorios.

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La falsa antinomia entre al enseñanza y la asistencia

Se ha vuelto un lugar común describir cierta indisposición escolar recurriendo a la antinomia entre enseñanza y asistencia. Puede ocurrir que terminemos por agregar a la lista (la larga y educativa lista) una nueva, extorsiva y poco feliz oposición.

Extorsiva porque, en el idioma educativo de los argentinos, la antinomia suele ser una descalificación manifiesta de la idea de asistencia, sumada a la obligación de optar por lo que podríamos llamar una enseñanza desafectada, profesionalizada.

El artificio que sostiene la extorsión es el siguiente: quien asiste no enseña. En este caso, sus usuarios (diligentes) bien harían en sincerarse: enseñar es un verbo de mayor jerarquía (y no contradictorio) que asistir. No se trata entonces, de antinomia alguna. El malestar no es más que pérdida de prestigio (prestigio que en rigor nunca fue tal) del educador escolar cuando su función se equipara con la de un mucamo, ayo, señora que cuida (como el progresismo vernáculo, amigo de la higiene y la moderación lingüística, denomina a las empleadas domésticas).

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No hables con extraños

Un gran chico (About a Boy), basada en una novela del exitoso escritor Inglés Nick Hornby , se entretiene con algunos matices del alma contemporánea en las grandes metrópolis. Con momentos notables, como la caricaturización del progresismo políticamente correcto encarnado en la manía de participar en alguna causa pro derechos humanos (en este caso se trata de Amnistía Internacional en la que Will -Hugh Grant- se inscribe como telefonista con el único y común propósito de conquistar mujeres), la película consigue sortear esa ambición de empalagar que en materia de amoríos y otros berretines, suele habitar los anodinos engendros del género. Los bienvenidos enredos dejan una enseñanza altamente provechosa en el terreno educativo: es posible emocionarse con los malos sentimientos, sobrevivir a las transformaciones en los modos que tienen los bípedos parlantes de juntarse y separarse, y aprender ciertas lecciones de los solos, cínicos y rufianes .

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Sobre la enseñanza de la última dictadura en la escuela

En un cuento del escritor alemán Bernhard Schlink (Circuncisión) se toca el meollo de la enseñanza de las experiencias totalitarias. Una visita de escolares a un campo de concentración (Oranienburg) suscita en Andi, uno de los miembros de una pareja que sufre a causa de ciertas diferencias, la siguiente impresión: En el campo había también un grupo de escolares, unos treinta niños y niñas de doce años: gritaban, se reían y cuchicheaban tonterías. Estaban más interesados por sus compañeros que por lo que el profesor les enseñaba y les explicaba. Lo que veían sólo les servía para fanfarronear, tomarse el pelo los unos a los otros o hacer bromas. Jugaban a guardias y prisioneros, y gemían en las celdas como si los estuvieran torturando o se murieran de sed. El profesor hacía todo lo que podía, y escuchándolo se veía claramente que había preparado a fondo la visita al campo con los niños. Pero todos sus esfuerzos eran en vano. ¿Qué tenemos?

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